miércoles

Desencuentro. (A 25 años de la muere de Cortázar)

Encontraría a Cortázar, cuántas veces me había preguntado, estrellando las yemas afelpadas en las páginas, preguntando y siguiendo sigiloso las instrucciones. Pasando distraído por todas las esquinas para estampar mi nariz con el gigante, y me bastaba resignarme con el azar, con atarme las agujetas del zapato, con cerrar la puerta y dar un empujón para cerciorarme, con saludar aburrido, con ver el mar y arrastrarme hasta la mesa de algún café y quedarme pensativo, como quien espera que después de tres noches regrese un gato y se restriegue en la pierna disculpando la tardanza, sabe que uno terminará por ceder al chantaje y le lanzará alguna miga o le acariciará el cabello para sentir el ronroneo. Por todas las calles que se alargan o se acortan según el color del cielo, con la prisa y el ánimo, busqué a Cortázar, y era preferible quedarme vigilando a las palomas, viendo sus espectáculos que llegaban por momentos a la simetría perfecta, parecían frente a un espejo hasta que una semilla rompía la ceremonia y los cuellos se torcían en la misma dirección y se quebraba el espejo imaginario. Algo se fraguaba en otra dimensión, con esos oscuros misterios que vienen del otro lado del silencio, con esos azares incomprensibles, y de pronto, zas. Encuentro nuevamente la nota: A 25 años de la muerte de Julio Cortázar. Entonces la palabra muerte pesa, toma unas proporciones y puede ser una casa que se derrumba en escombros, se colapsa. Ahora me pregunto quién es Cortázar y algo más elemental, casi matemático. Si murió antes de que yo viniera… ¿Quién me contó Rayuela?

¿Quién será ese tal Cortázar del que tanto se habla a 25 años de su muerte? Se habla sobre un argentino que nació en Bruselas, que vivió la mayor parte de su vida en Francia y poco entiendo. También se dice algo sobre historias de Cronopios y Famas y Esperanzas, de un tal Lucas, y de un montón de instrucciones, que van desde como darle cuerda a un reloj, hasta cómo matar hormigas en Roma y que recomienda subir las escaleras al revés con el argumento de que un mundo se nos oculta a la espalda y de una serie de relatos, al final secretamente sé que terminaré queriendo tanto a Glenda y sigo sin entender.

Es así, soy joven y llegué tarde a la fiesta. Hacía unos meses que él se había ido y ni hablar. Ahora me salen con la cosa del boom latinoamericano.

Y todo lo que dicen me significa tan poco, si se encuentran o desencuentran textos inéditos, que auto entrevistas, ensayos y un montón de notas en un cajón. “papeles inesperados”. Perdón que me obstine, pero ¿quién diantre es Cortázar?

El azar, la otredad y las imposibilidades, que si ya una mano lo visita, que si encuentran una flor amarilla, a un personaje lo asesinan los personajes de la novela que lee y así con un montón de textos. Que patafísica, que surrealismo, que amor y desamor, que las deshoras y más cosas inverosímiles, Croncos, Petiforros, un hombre que pide un castillo sangriento, “el que te dije” haciendo un libro con recortes de periódicos y pese a todo lo que me cuentan, no me queda claro, sin embargo…

“Te tendré que matar de nuevo./ Te maté tantas veces, en Casablanca, en Lima, / en Cristianía, / en Montparnasse, en una estancia del partido de Lobos, / en el burdel, en la cocina, sobre un peine, / en la oficina, en esta almohada / te tendré que matar de nuevo, / yo, con mi única vida”. (La mosca, Julio Cortázar)

¡A la vuelta!

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Seguidores