viernes

Semana "santa"

Me ocupa la paulatina formación de las multitudes. Gestaciones hormiga, donde todos acuden sostenidos por los pies, estos cargan únicamente con su cuerpo, para sumarse a lo que luego se convertirá en una jauría de pares de ojos. Es ahí donde las leyes más elementales se ven amenazadas, y parecen próximos dos cuerpos a ocupar el mismo espacio.

Vimos como el lunes amaneció al jueves, al miércoles, al martes… y llegaron uniformándose los días, con sus viernes a las doce para amalgamarse sin excepción a las profundas tardes de domingo. Y al final las fiestas, semana de sábado en la noche. Ya conocemos los milagros de semana santa, donde caminar se volvía una dolorosa vía (al menos para mí), un sacrificio pasar entre la diversidad de los rostros que parecían no mirar a ningún lado, y sin embargo, todos se sostenían y construían a partir de las miradas. Cuerpos buscando un espacio, mientras ajenos vagaban con hombros en los hombros, aparentemente hermanados por una multitud que los separa hacia su centro. Pequeños universos buscando los rincones minúsculos que les permite el asueto.

Me pregunté (costumbre robada a Juan Manuel Sarabia), mientras todos pasaban (recorrían) con sus rostros lavados: ¿qué ocupación, qué oficio, se esconde detrás de cada uno? El tipo de cabello largo, por la caída de los labios, pudiera ser un payaso. La pareja de bien peinados, deben ser mercadólogos. La mujer de rojo y falda corta… la gente, sale de su contexto llevando puestas, huellas de su campo semántico.

La semana transcurría con sus días repetidos, unos metidos en los otros, un extraño collage del que al día seis, uno ya quiere saltar como el niño que huye aterrado del tiovivo porque descubre de pronto, que le disgustan los corceles. A punto del salto, imaginé al día siete, estudiar el color de una semana:

Los lunes me parecen de una transparencia cursi, el día favorito de los positivistas. Una copa olvidada con un resto de vino rosado. Algo en los martes me parece rojo, como si el martes llegara con su calidad de beso, con humedad. Labios dispuestos. Los miércoles, tan parte aguas, o un puente por donde cruza el cansancio, grises. Un montón de ceniza. Los jueves son nostálgicos, ligeramente alargados, es como si el día entero fuera un ocaso. Una enorme mandarina. Sábados, lejanos. Van del plata al azul, al negro y viceversa. El domingo es un negro terciopelo deslavado, viejo. Ternura en su mañana clara y de pronto avienta la nostalgia de una vida a las cuatro de la tarde.

Todo pasó, la gente, los días y sus milagros. Algo permanece ahí, donde estuvimos todos: un poco de basura, viento acariciando el polvo de las huellas. Se dio el viaje hormiga a la inversa, como si se prepararan con provisiones de recuerdos para el invierno. Todo volverá atándose al innegable círculo de las vidavueltas y se repetirá con otra gente, con nuevos nombres, pero se repetirá indudablemente.

A la vuelta!

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